
COLUMNA DE OPINIÓN

Por: Claudio Adasme
Gerente General Tierra Verde
Con el tiempo uno va entendiendo que hacer empresa no se trata solo de vender, crecer o resolver problemas. También se trata de aprender a trabajar con personas. Y no con cualquier persona, sino con gente buena. Capaz. Proactiva. De esa que llega y uno siente, casi de inmediato, que las cosas empiezan a avanzar mejor.
Yo lo he vivido así: una empresa puede tener oportunidades, clientes, maquinaria, experiencia. Pero si no logra rodearse de buenos profesionales, tarde o temprano se empieza a frenar. Porque llega un momento en que ya no basta con empujar solo. Crecer también exige confiar.
Y confiar no siempre es fácil.
Cuando uno parte, se acostumbra a estar en todo. A revisar todo. A resolver todo. A veces por responsabilidad, claro. Pero también por costumbre… y, seamos honestos, por miedo. Miedo a que algo salga mal. A que nadie cuide las cosas como uno las cuidaría.
Pero una empresa no crece de verdad mientras todo siga dependiendo de una sola persona.
Por eso es tan importante contar con buenos profesionales. Porque no solo aportan trabajo bien hecho. También te obligan, para bien, a cambiar como empresario. A escuchar más. A delegar mejor. A abrir espacio para que otros propongan, resuelvan y vean cosas que uno, por estar metido en todo, a veces ya no alcanza a ver.
Y cuando eso pasa, se nota.
Se nota en el ritmo del trabajo.
En la calidad de las decisiones.
En el ambiente.
Y también en la tranquilidad con la que uno empieza a enfrentar ciertos desafíos.
A mí me gusta trabajar con personas que tienen iniciativa. Personas que no esperan que les digan todo. Que entienden el fondo de lo que están haciendo. Que se comprometen de verdad. Ese tipo de personas no abundan. Y cuando aparecen, uno las valora mucho.
Ahora bien, hay una parte de esto que también hay que aprender a mirar con madurez: a veces esas personas se van.
Y claro que se siente.
Se siente porque no son solo trabajadores. Son personas con las que construiste confianza, con las que compartiste etapas importantes, con las que sacaste cosas adelante. Entonces, cuando deciden irse a una empresa más grande o buscar una oportunidad distinta para seguir creciendo, no es algo indiferente.
Pero con los años también he aprendido algo: no siempre hay que mirar esas salidas con amargura.
A veces, simplemente, es parte del camino.
Si una persona talentosa encuentra una oportunidad para crecer, también hay algo legítimo en eso. Uno puede sentir el vacío, la incomodidad del cambio, el desafío de reorganizarse. Todo eso es real. Pero también sería injusto no entender que las personas tienen derecho a buscar su propio desarrollo.
Y ahí, creo yo, hay una prueba importante para cualquier empresario.
Porque liderar no es solo trabajar bien con la gente mientras está contigo. También es saber mirar con altura cuando alguien valioso toma otro rumbo. No desde la frustración, sino desde la comprensión.
Yo sigo creyendo que vale la pena rodearse de buenos profesionales, aunque eso implique aceptar que no siempre se van a quedar para siempre.
Vale la pena igual.
Porque trabajar con buenas personas eleva la empresa. La hace pensar mejor, operar mejor, crecer mejor. Y de paso, también te hace crecer a ti.
Te obliga a confiar más. A formar mejor. A no depender de una sola persona. Y a seguir construyendo una empresa con base sólida, incluso cuando hay cambios.
Al final, emprender también es eso: construir con otros, sabiendo que no todo se puede retener.
Pero aun así, seguir apostando por las personas correctas.
Gamero 331, Chillán
42-2244140
www.tierraverdeservicios.cl
contacto@tierraverde.ltda